“Por quién doblan las campanas”

enero 8, 2008 at 6:53 pm Deja un comentario

“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente (…); la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.” 

Es la frase de John Donne con la que Hemingway da comienzo a  “Por quién doblan las campanas”, poniendo fin a un silencio que se prolongaba ya durante diez años; diez años alejado voluntariamente de su patria y refugiado en España, un país que adoraba desde hacía tiempo.

    Fue en Madrid, desde el asiento que ocupaba como conductor de ambulancia, donde empezó a perfilar el argumento de esta novela que se convertiría en obra maestra de la literatura mundial. Fue aquí, como observador de las injusticias de la Guerra Civil española para enviar artículos a Canadá sobre sus impresiones, donde comprometió su pluma a la causa por la que peleaban los republicanos españoles. Fue en España donde abandonó el individualismo de obras anteriores como Tener o no tener, y decidió utilizar su literatura como arma en la lucha humanitaria. En “Por quién doblan las campanas”, se abre una nueva expectativa de análisis del comportamiento humano, a través de las vivencias durante la guerra, las injusticias y las crueldades. 

   Robert Jordan, es un escritor y combatiente norteamericano, encargado de entablar relación con los guerrilleros para conseguir volar un puente y facilitar la estrategia republicana. El protagonista conoce a María, compañera del jefe guerrillero, y entre ellos surge enseguida un apasionado romance. Pero al volar el puente, Jordan resulta herido. Es entonces cuando pide a sus camaradas que lo dejen, para evitar ser una carga. A partir de este momento se queda solo, rogando estar vivo cuando las tropas enemigas lo encuentren. En realidad, su único destino es la muerte.

Las acciones van ocurriendo rápidamente alrededor de Robert, que durante su prolongada agonía, se da cuenta de que el mundo es un lugar maravilloso para vivir. Pero nadie puede hacer nada por si mismo. De ahí la necesidad de la llamada a la fraternidad que Hemingway lanza desde las páginas de esta novela. Un grito que denuncia el peligro que corre el mundo; un grito que se preocupa por las deterioradas relaciones humanas, de las que la Guerra Civil española es otro ejemplo trágico y sangriento.

Y es que Hemingway, siempre vio el vaso medio vacío.

                                                                                                                                                 Alba García Vázquez Grupo B

(reseña de diciembre)

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