Archive for diciembre 26, 2007

El año que trafiqué con mujeres

En El año que trafiqué con mujeres, o xornalista Antonio Salas oculta de novo a súa auténtica identidade para infiltrarse no mundo da prostitución feminina en España. Esta fantástica mostra do xornalismo de investigación consíguenos achegar a unha dura realidade que se pode atopar en calquera esquina das rúas das nosas cidades e que, sen embargo, a maioría de cidadáns descoñecemos por completo. 

Cunha nova identidade, totalmente oposta a de Tiger88 que encarnou no tamén polémico Diario de un skin, este xornalista consegue demostrar como en pleno século XXI se pode mercar seres humanos igual que se fose calquera outra mercancía. Coma se dun diario persoal se tratase, Salas vainos revelando as relacións que descobre entre este mundo e o dos skins que centraron o seu anterior libro (por exemplo, que os ultradereitistas que pretenden expulsar os inmigrantes do seu querido país estanse a aproveitar deles xa que son a súa principal fonte de ingresos nos clubs de alterne), as mafias que obrigan á mulleres dos chamados países en vías de desenvolvemento a prostituírse no noso país baixo ameaza de matar as súas familias, os rituais de vudú para atemorizar ás mulleres africanas, as famosas que gañan máis nunha noite que nos seus traballos, as estudantes que se costean deste xeito os seus caprichos…

O libro constitúe un auténtico discurso sobre tódolos campos da prostitución. O relato en primeira persoa e as transcricións exactas do sucedido inda lle confiren un ton máis real. Realmente causa impacto saber o que ocorre tan preto de nós. Esperta un certo remordemento na conciencia. E o xeito que Antonio Salas escolleu para demostralo é perfecto.

  

Andrea Carcacía Hermilla

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diciembre 26, 2007 at 10:05 pm Deja un comentario

El mundo, de Juan José Millás

 

 

El mundo, Juan José Millás

A liña que separa o xornalismo da literatura é moi fina. Iso sabémolo todos. Os profesores de ciencias da comunicación da USC deixárono ben claro. Por iso, limitar El mundo, a última obra de Juan José Millás, a calquera dos dous xéneros non é nada preciso. O propio autor definiuna como unha “autobiografía novelada”, denotando o dobre corazón do libro: informativo e literario.

En El mundo, Juan José Millás mostra a súa cara máis persoal, dando unha visión retrospectiva da súa preadolescencia, intercalada con certas elipses temporais que nos levan ás rúas de Nova York, á súa Valencia natal ou ao Madrid de hoxe en día. Ao longo da obra imos descubrindo personaxes e feitos que condicionarán de xeito determinante ao futuro Millás, tanto no plano persoal, como no literario. O falecemento anunciado do seu amigo Vitaminas, as relacións pais – fillo nunha familia de nove irmáns, os primeiros desenganos amorosos coa súa veciña María José, etc, son feitos que tiveron lugar no espazo de tempo que ocupa a obra e que tiveron incidencia en novelas como Dos mujeres en Praga ou Tonto, muerto, bastardo e invisible.

Con todo, se hai algo que destaca en El Mundo, é o ambiente onírico no que Millás envolve a obra. A sensación de estar fóra de lugar, de non encaixar, persigue ao protagonista (e polo tanto ao lector) durante todo o relato. Nalgúns momentos, mesmo explótase o papel das drogas para producir esta sensación, recorrendo ao éter inhalado, a marihuana ou ao poder narcótico da febre.

En definitiva é unha obra diferente, na que o autor abre a súa personalidade ao lector, na que se explican moitas das claves que levaron a Juan José Millás a ser o que é hoxe en día, e na que se narra unha das pequenas historias que forman o mundo.

DUARTE ROMERO VARELA

diciembre 26, 2007 at 9:55 pm Deja un comentario

Chechenia

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Una guerra sucia. Anna Politkovskaya

Chechenia es el escenario de una de las guerras más cruentas del siglo XX, el que algunos llaman, no sin cierto recochineo, el siglo más corto de la Historia. Es un lugar sin ley, en el que una botella de vodka bien vale la vida de un civil y las fronteras entre la causa noble de la independencia y el radicalismo deshumanizado de sus líderes se hallan desdibujadas, mezcladas de manera que resulta casi  imposible separar lo uno de lo otro, en el caso improbable de que existan en Chechenia las dos caras de la moneda.                

          Pero Chechenia es mucho más que todo eso. Desde que en 1991 el general Yojar Dudayev proclamara la independencia de la república (que hasta entonces había pertenecido a la URSS y, tras su disolución, a la Federación Rusa), esta nación perdida entre las montañas de Cáucaso no ha hecho sino iniciar la cuenta atrás para su destrucción. Anna Politkovskaya retrata en Una guerra sucia una Chechenia carcomida por la guerra y la miseria, un país en venta que sufre un nuevo revés con la llegada al Kremlin del joven Vladimir Putin,que ya en el verano de 1999 abogaba por hacer las cosas como es debido.               

        Hacer las cosas como es debido significa para los señores de la guerra (y Politkoskaya no descarta en ningún momento que Putin y su séquito de seguidores lo sean) bombardear pueblos enteros  como el de Aljan-Yurt, dejar a las fuerzas federales abandonadas a su suerte y comerciar incluso con sus cadáveres. Hacer las cosas como es debido implica, además, sobornos en los puestos de control de las fronteras, el encarcelamiento de chechenos bajo la acusación fácil de terrorismo o tráfico de drogas y la colaboración con las mafias para que el secuestro sea uno de los negocios más prósperos de la zona. Y es que hacer las cosas bien es más fácil – y lucrativo – que hacerlas mal.                

            Politkovskaya sabe que las guerras no las hacen los pueblos, sino sus dirigentes, y que Chechenia es, sobre todo, un pueblo de mujeres que sufren por el desmembramiento de sus hogares, por el exilio y la pobreza. Ya pocos creen en Chechenia en el abrek, una especie de Robin Hood local; hoy el abrek es un mafioso o un islamista radical al que nadie puede detener en su causa.               

           Y Chechenia es, por encima de todo, un campo de batalla fuera de Chechenia, un arma mortal que alcanza a quien no guarda silencio ante el horror. Y eso Anna Politkovskaya también lo sabe.                                                                                                                                                Diana Mandiá

diciembre 26, 2007 at 4:54 pm Deja un comentario

La guerra del fútbol

       

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        La guerra del fútbol es una radiografía de África. A pesar de que el reportaje que da título al libro contiene las vivencias del autor en la guerra de 10 días que enfrentó a Honduras y El Salvador, la presencia del conflicto latinoamericano comprende una mínima parte de una obra dedicada sobretodo a presentar los conflictos que se produjeron en África desde 1958 hasta 1976.

       Lo que resalta en esta obra es que frente al uso común de presentar la realidad africana de un modo superficial y generalista, Kapuscinski se adentra en la realidad de cada país, se integra entre la gente que sufre el conflicto y vive dicho conflicto como uno más de los habitantes de ese país. De este modo logra comprender las bases más profundas de la sociedad local y así entender lo que podrían parecer hechos insólitos o contradicciones políticas a los ojos de un europeo.

          Además, la profundidad de esta obra también puede analizarse teniendo en cuenta la multitud de enfoques diferentes que presenta en función del tema concreto que quiere tratar. Así, podemos encontrarnos un complejo reportaje que trata de explicar las causas del derrocamiento de un determinado líder político, a la par de un relato acerca de las dificultades que tuvo el autor para entrar en un país en guerra, o el testimonio de un funcionario de correos del que se extrae la opinión de la sociedad de un país.

           Kapuscinki vive en su propia piel los conflictos que presenta en este libro, es encarcelado, vapuleado, amenazado…En definitiva, pasa por situaciones que pocos estarían dispuestos a sufrir, pero el resultado de este sacrificio es una compresión de la realidad africana al alcance de pocos. Realidad que intenta plasmar en esta obra.

 

Marcos González Penín

diciembre 26, 2007 at 1:42 pm Deja un comentario

El periodismo es un cuento

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    Cuando se dedica tanto tiempo a hablar sobre un mismo tema, resulta difícil darle la espalda. Ésto es lo que sucede con el eterno debate entre periodismo y literatura. ¿Dónde está el límite? Aunque primero cabría preguntarse si realmente lo hay.

    Manuel Rivas es uno de esos autores que no ve límites entre periodismo y literatura. Sus reportajes están llenos de un estilo literario pero, al mismo tiempo, están cargados de elementos periodísticos. En cada uno de ellos hay una historia perfectamente documentada, hay testimonios y entrevistas, hay una contextualización fiel a la realidad.

    En El periodismo es un cuento se recogen diferentes reportajes que Manuel Rivas escribió y publicó en la prensa española. Digo reportajes porque ese es el género que se utiliza para calificarlos. En realidad, si los hubieran publicado bajo el nombre de “cuentos” o “relatos”, ningún lector se habría sorprendido.

   Estos reportajes hablan de la vida cotidiana, de personas tan normales como un pescador o un obrero. Son historias para recordar y para ser recordadas. Uno mismo podría sentirse identificado, podría leer uno de estos cuentos y ver en ellos tiempos pasados. Cualquier protagonista podría ser nuestro vecino, nuestro padre, nuestro amigo. Nuestra propia vida podría ser una de esas historias.

    Una historia es lo que escribe este periodista y escritor en cada uno de sus reportajes, en cada uno de sus libros. Él mismo une esos dos grandes géneros que son periodismo y literatura y demuestra que, para escribir, no es necesario prescindir de uno de los dos.

Cristina Pérez Parapar.

diciembre 26, 2007 at 11:57 am Deja un comentario

Amado siglo XX – Francisco Umbral

“Lo que sí tenía formulado, como decisión impensada de mi vida, era dedicarme al periodismo, ver vivir la ciudad durante todo el día y escribirlo por la noche. Vivir el paso del tiempo”. Así hablaba Francisco Umbral, y así lo hizo.A través de las páginas de El País y El Mundo, Umbral fue quien mejor supo contar la realidad de la España de su época durante años, una realidad a la que se asomaba cada mañana y que supo conocer como pocos.“Amado siglo XX” es eso, contar un siglo, y quizás Umbral sea el más indicado para hacerlo. A través de sus páginas realiza un esbozo de lo que fue España durante ese siglo que lo vio crecer y madurar como periodista.

A “Amado siglo XX” lo conforman cuarenta relatos, cuarenta pequeñas piezas que son parte ya de la historia de un país. De Letizia Ortiz a Manuel Azaña, y de Manuel Azaña a Primo de Rivera, Umbral dibuja España a través de sus personajes, pero lo hace también a través de sí mismo,  las vivencias de su llegada a Madrid durante la dictadura y la posterior transición son, por ejemplo, una constante en el libro.

 No se trata de una obra que se pueda encuadrar dentro de un género concreto. Ni es una crónica, ni una  biografía, ni un relato costumbrista. Es un poco de todo y un poco de nada, lo que si se puede decir de “Amado siglo XX” es que, quizá por ser la última obra de Umbral, o por hablar de un siglo que ya murió, no se puede evitar que tenga un cierto sabor a despedida, a la mejor de las despedidas que nos pudo dejar una de las plumas españolas más importantes del siglo XX, del XXI y probablemente de los que vendrán.

Cristina Castro Fernandez

diciembre 26, 2007 at 11:10 am Deja un comentario


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