Artículos, de Mariano José de Larra.

diciembre 20, 2007 at 10:32 am Deja un comentario

Cuentan que el doctor Jekyll guardaba en la cómoda de su habitación una caja llena de ampollas. Por las noches, cuando se despertaba en mitad de una pesadilla y se sentía convertir en Mr. Hyde, sólo tenía que abrir el cajón y servirse una dosis de aquel jarabe. De ese modo evitaba la transformación, y el diablo Hyde apenas llegaba a subir a sus labios un grito frustrado.

El periodista -que también tiene un algo de diablo y mucho de sicótico – debería tener su propia medicina. Al fin y al cabo a él no le afecta un solo diablo si no infinidad de ellos: Desde el partidismo calzonazos a la frase fácil, todo son amenazas. Un pandemónium, vamos.  Este mismo problema inquietó a M. J. de Larra hace doscientos años. Pero él, periodista hasta al tuétano, no se conformó con aceptar los peligros de la profesión. Los combatió. A través de sus páginas uno se encuentra con un humor afilado, al estilo de las bayonetas doradas que no tienen problema en atravesar ahora a los políticos, ahora a la Iglesia, a la sociedad o incluso al propio lector, si éste lo necesitaba. La gente le echaba en cara su falta de tacto; pero él mismo nos cuenta que en estas situaciones se limitaba a encogerse de hombros y decir: -´´!Qué placer el de ser redactor!´´. Cada noche, puntualmente, se encerraba en su gabinete para escribir la pieza del día siguiente. Luego, por las mañanas, aquel artículo brillaba en el quiosco bajo las señas de Fígaro, el Bachiller, el Duende… como una de las pocas rendijas a través de las cuales podía llegar la luz a la prensa española.  Este es el libro de cabecera para cualquier periodista moderno, el jarabe con el que se combate la rutina del oficio. La prescripción se encuentra todos los días en la prensa de partido, que a la función de informar antepone la de hacer muecas a derecha e izquierda, repartiendo el guiño y la carantoña en función de cómo le valla en la feria. ¿Qué queréis que os diga? Yo, por lo pronto, voy a seguir el ejemplo del Dr. Jekyll. Tendré sobre mi cómoda los Artículos de Larra; de modo que, aún cuando esté quemado por el oficio, pueda escuchar los pasos de Mr. Hyde a muchos kilómetros de distancia. Para más información, consulten a Larra. Carlos Prego Meleiro

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Unha conversa por entregas CABEZA DE TURCO DE GÜNTER WALLRAFF

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