Cabeza de turco

diciembre 14, 2007 at 11:41 pm Deja un comentario

Los insultan, “Me voy a cargar a todos los cerdos turcos”. Escriben graffities en las paredes en contra de ellos, “Mierda en el palo= Un turco con pata de palo”. Realizan los trabajos más inhumanos, ilegalmente y ni siquiera se les hace un seguro de enfermedad, “Dejad de experimentar con animales, para eso están los turcos”. Viven en las peores condiciones, “Viví en un cuarto, en un edificio en construcción, cuyo suelo estaba todavía cubierto de cascotes y ni siquiera disponía de una puerta que se pudiese cerrar. Me mantenían oculto de los vecinos. Se me tenía como se tiene a un animal útil”. No los aceptan como cristianos en la Iglesia Católica, “Nuestras iglesias, pese a los vacías que están, deben permanecer limpias y libres de turcos”. De este modo tratan a los extranjeros, a los turcos, en la República Federal de 1983.

En este año Wallraff, G. se transforma en Ali, un emigrante turco dispuesto a hacer los trabajos más duros, más insalubres, más peligrosos, para poder sobrevivir. Con lentillas oscuras, una peluca, un bigote y utilizando un alemán rudimentario pretende descubrir, siendo partícipe, el maltrato psicológico y físico que experimentan los turcos en su país. Resultado de todas estas vivencias nace Cabeza de turco, una brillante crónica necesaria para conocer la historia de Alemania.

Pero, había una diferencia y es que Ali, a diferencia de sus compañeros turcos, conocía las consecuencias tan graves y los peligros que podían tener algunos de los trabajos para los que se les contrataban. Esto podría ser un problema, Ali podría haberse “echado para atrás” y no continuar con esta investigación. Pero no fue así. Ali trabajó con Adler, en sus fábricas llenas de gases nocivos e incluso, sirvió de cobaya para  experimentos farmacéuticos.

Un hombre que arriesgó su vida, que se puso en la piel de los más desdichados para criticar un crimen. Un crimen que hoy en día sigue vivo, aunque quizás sea menos evidente, pero, al fin y al cabo, un crimen. Y esto no sucede sólo en Alemania. Realmente, podríamos volver a escribir el libro pero con otros títulos posibles, Cabeza de americano, Cabeza de chino, Cabeza de africano, Cabeza de…

“Aún no he llegado a saber cómo asimila un extranjero las humillaciones cotidianas, los actos de hostilidad y odio, pero sí sé ya lo que tiene que soportar y hasta que extremos puede llegar en este país el desprecio humano. Entre nosotros, en nuestra democracia, se da una parcela de apartheid. Mis vivencias han superado, en un sentido negativo, todas mis expectativas. En plena República Federal he vivido situaciones que de hecho, sólo se hallan descritas, por lo general, en los libros de historia del siglo XIX”. Wallraff escribió estas líneas en 1985, luego de terminar con su trabajo de investigación.

Ana Belén Sesto Blanco, Grupo C.

               

                                           

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Los ojos del tuareg “El ojo ajeno” Alfonso Rojo

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